miércoles, 28 de octubre de 2009

Lucia Arrosa 3ºc

Los cuatro puentes
Esther tenía dos abuelos a los que adoraba, pero ahora están muertos. Y sobre ellos es la historia que les voy a contar.
Un día, el abuelo falleció y la abuela quedó como un alma en pena vagando por la casa que habían compartido tantos años en amor y armonía. Aún tenían familia, pero no era lo mismo.
La abuela tenía mucha confianza en Esther. Tanta que terminó confesándole algo que le ocurría: soñaba con su marido muerto.
-Hay cuatro puentes, y al final de los puentes está él, alargando la mano para que vaya con él- decía la abuela.
Pasaron los días y los meses, y una noche fue Esther la que tuvo un sueño extraño.
Era pequeña y entraba a un ascensor con su abuela. Iban agarradas de la mano y el elevador ascendía pisos y pisos. Una especie de viaje sin retorno puesto que el ascensor era familiar para Esther. No sabía cuántos pisos habían ascendido, cuando de pronto, el ascensor se detuvo y se abrieron las puertas.
La abuela soltó la mano de Esther y salió. Ella trató de avanzar, pero
-No, tú no vienes conmigo- fue lo que le dijo su abuela, sonriéndole en su sueño, y aquí terminó todo.
Cuando Esther se despertó por la mañana, se dio cuenta que su abuela había fallecido la misma noche. En el sueño se había despedido de ella. Los cuatro puentes que había soñado la abuela significaban un mes cada uno. Ella falleció cuatro meses después que su marido, es decir, cuatro puentes más tarde.