viernes, 10 de octubre de 2008

El náufrago

Hace una semana que me encuentro perdido en la espesura de la selva. ¿Dónde estoy?, sólo se por las características que veo, que es algo parecido a una selva. ¿Cómo saldré?, sólo lo sabré cuando llegue el momento de irme, pero no sé si se aproxima o no a la realidad en la que estoy. ¿Cómo llegué?, eso sí puedo contestarlo con exactitud; pues viajaba en un barco cuando, de repente, me avisaron que se aproximaba una tormenta; pasé un horrible naufragio. Sabía que no era la primera vez que vería el mar tan furioso y dinámico, lo que no sabía era si la primera vez se convertiría en un abrir y cerrar de ojos, en la última vez; después quedé inconciente, hasta que las olas me arrastraron hacia la costa de la selva, donde un coco golpeó mi cabeza.
Desde ese día tengo que sobrevivir de lo que la naturaleza me brinda, e indudablemente, esa vida placentera con lujos y riquezas se había esfumado. Soy el único que sobrevivió, y desconozco el lugar donde estoy viviendo.
Un mes después…
Hace ya un año que me encontraron; cunado vi una pequeña balsa a lo lejos, no hubo duda alguna, tenía que gritar y conseguir la atención de su tripulante. Me vio en un instante y me invitó a subir para llevarme de regreso; el mar, muy distinto a cuando llegué, se encontré en una increíble quietud y paz.
Todo el camino me dediqué a contarle a mi salvador qué me había pasado y por qué me encontraba allí.
Y bueno, esa experiencia que pasé formó una terrible etapa de mi vida y aunque no lo puedo creer, me ayudó a vivir con poco, porque me di cuenta de que mis riquezas y mis lujos no eran objetos que si no los tenía me moría, no eran necesarios

Rocío Suárez Navarro