Era un día como cualquier otro, el sol brillaba, los pájaros cantaban y la gente paseaba por la calle debido al maravilloso clima. Yo también había salido, con mi pequeño perro a realizar la caminata matutina. Mientras paseábamos yo miraba atentamente el barrio, recordando todo lo que me había ocurrido. De repente, el clima comenzó a cambiar, el cielo se nubló y comenzaron a caer pequeñas gotas de lluvia, sin embargo seguí caminando. Cuando llegué a la cancha de football, que se encontraba bastante lejos de mi casa, comenzó a llover demasiado y se levantó, terriblemente viento, todo volaba. Quise volver a mi casa, pero un sentimiento extraño se deportó en mi corazón y me impidió volver; yo ni sabía que existía, pensaba que era un adulto muy maduro y al estar siempre tan ocupado, debido a mi trabajo de abogado, no sabía qué me ocurría.
Comencé a llorar, sin tener razón y, me di cuenta de que quería volver a ser un niño, que realmente extrañaba a mi madre y mi hermano.
Luego de un tiempo de sentarme a pensar, dejó de llover y vi a unos niños que estaban a mí alrededor esperando jugar en la cancha, levanté mi rostro y los miré, me sequé las lágrimas y les sonreí, me devolvieron la sonrisa.
Entonces me levanté, agarré a mi perro y me fui, sin dejar de recordar lo que había sentido ese día, un día como cualquier otro, el sol brillaba, los pájaros cantaban y yo caminaba por las calles como si estuviese perdido.
Romina Tedeschi