viernes, 10 de octubre de 2008

Sueño antiguo

Esa noche no cepillé mis dientes ni mi cabello, sólo me recosté en la cama para relajarme y olvidarme del sueño de ayer. No quería dormirme, tenía miedo de volver a vivir lo mismo pero me arriesgué de nuevo. Otra vez esa calesita negra y blanca que rondaba en mi cabeza, ese sentimiento horrendo, terrible. Me desperté, fui al baño y me encontré con uno de los caballos monocromáticos del sueño; su rostro tan peculiar, me provocaron dolor de cabeza y un malestar horrible.
-Listo -dije-, ya está, me desperté, no debo pensar en eso.
Corrí hacia la habitación de mis padres, estaba pálida y muy distinta. Todo giraba a mí alrededor, como aquella calesita.
Miré fijamente el espejo. ¿Quién era esa persona tan familiar y tan diferente?
María Denisse Laub